LEAN LO EXPUESTO 

Traigo lo anterior a colación porque en El Nacional se publicó algo al respecto escrito por Alberto Soria titulado “Cocineros en la sombra” y copio lo que me pareció interesante: La claque francesa tiene la misma intención y función que las “lloronas”. Ayer se contrataban mujeres para llorar en funerales de terceros. Hoy, eso no es bien visto. Pero en la Modernidad, no hay sanción moral para la claque. Funciona muy bien en eso de aplaudir y vitorear en bloque. Tanto, que se la utiliza en relaciones públicas, política y el mercadeo.
Así, un montón de comensales que nunca comieron donde “el primer. chef del mundo”, en la Osteria Franchescana, en Módena, nada menos que eso proclamaron el martes. Que es el primero, dice la Lista. El club de amigos que es la Lista elabora un ranking como las dos caras de la Luna, aseguran mis colegas europeos.
El negocio de construir reputaciones sobre “el mejor del mundo” sacude desde hace años la cocina, la hotelería, los vinos, las salsas y las universidades. Una red supuestamente gratuita y desinteresada, clasifica en segundos los mejores cuartos y hoteles del planeta. Lo dice la televisión sin cansarse. Infiltrada por la policía británica, se descubrió hace poco que fue capaz de clasificar como “el mejor del mundo” un yogur que no existía. Era un señuelo, que había pagado.