APRENDER A BOSTEZAR

¡Es que hay que ver que los venezolanos no sabemos bostezar! Y no hablo del bostezo por cansancio, falta de sueño o aburrimiento, me refiero al bostezo que se contagia, aquél que ocurre cuando vamos en el Metro, alguien bosteza y, más rápido que baladita del reggaetonero de turno, se nos pega: muy pronto está medio vagón bostezando.

Según estudios científicos, este tipo de bostezo tiene una estrecha relación con la empatía humana. La empatía es el hecho de identificarse con otra persona, sus sentimientos, su condición y situación. Es verse reflejado en el otro como un igual, con condiciones parecidas a las propias.

Después de estudiar el bostezo contagioso, se observó que este tipo, que llamaremos “bostezo empático”, comienza a experimentarse en niños de 4 o 5 años, justo la edad en la que se desarrolla el reconocimiento emocional del otro. En otras palabras, a esta edad es cuando un niño comienza a comprender que no es el centro del Universo, y que hay otras personas parecidas a él que comparten su realidad.

En dichos estudios se concluyó que aquellas personas que han aprendido a ser más empáticos tienden a bostezar más que, por ejemplo, personas con desórdenes mentales o niños con enfermedades como el autismo que les limitan el reconocimiento del otro.

Todo esto es muy interesante como dato curioso, y quizás en el futuro algún otro experto desmienta esta teoría, pero independientemente de las implicaciones científicas del descubrimiento, me parece una metáfora excelente para nuestro momento histórico.

¡Si tan solo el venezolano aprendiera a “bostezar con el otro”! Si aprendiera a ver reflejados sus sentimientos, preocupaciones, alegrías y tristezas en el rostro del otro. Si todos fuéramos tan empáticos como para ver a otro venezolano a los ojos y sentir su alegría como propia cuando una hija se le casa y también su profunda aflicción cuando le matan a un hijo para quitarle la moto. Si tan solo nos doliera tanto como si fuese hijo nuestro.

Hands reaching

Si tan solo el venezolano tuviera la valentía de estrechar la mano del que piensa distinto. Decirle “hermano” y tratarlo cordialmente, como debe ser tratado. Si tan solo te atrevieras a acercarte a quien consideras “un extraño” o incluso “el enemigo”, a hablar con él y a entender sus sentimientos y su situación, entenderías también que no es ningún ser desconocido: es un ser humano, un venezolano como tú, que vive, respira, trabaja o estudia, se alegra y se entristece, se angustia y se molesta como tú, y que ambos comparten la dicha de haber nacido en esta hermosa tierra. Nada te separa de él: ni siquiera cuánto dinero tenga, ni su color de piel, ni su estatura, ni su edad, ni el lugar donde vive. Y si tú te acercas al otro, este sentimiento de empatía, tal como el bostezo empático, se irá contagiando en nuestra sociedad: por eso digo que el venezolano tiene que aprender a bostezar, y sobre todo, a dejarse contagiar el bostezo.

Seguramente estarás pensando: “todo muy bonito, ¿pero cómo podría yo tratar acercarme a alguien que me insulta, que me desprecia o me grita en tono despectivo ‘fascista’, ‘chavista’, ‘marginal’ o ‘burgués’?”

Pues yo te digo que debes hacerlo tú. Sí, tú y nadie más. No esperes que venga Superman ni Jesucristo ni el príncipe azul, y definitivamente no esperes que un político con bonitas ideas, bolsillos llenos y promesas vacías venga a salvarnos. Debes ser tú.

Porque al final del día, tanto tú como yo, tanto el profesional que se la pasa metido en una oficina como el ama de casa que se ocupa de sus hijos, tanto el anciano que vive de su pensión como el niño pequeño que asiste feliz a la escuela y no se percata de lo que pasa a su alrededor: a todos nos toca vivir en este país, y éste será lo que nosotros queramos que sea, lo que nosotros permitamos que sea.

La gente siempre habla de trabajar juntos para sacar al país adelante, pero nadie se atreve a dar el primer paso. Así que hoy me dirijo a ti que me lees. A ti, venezolano, que te preocupas por la situación de tu país y que te angustias por la incertidumbre de su futuro; a ti, que tratas de buscar una solución a todos los problemas de la nación pero te das por vencido porque crees que tu esfuerzo individual no será suficiente ni hará diferencia alguna. A ti, venezolano igual que yo, hijo de esta tierra del Arauca vibrador, hoy te invito:

Empieza tú. Bosteza tú primero.

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