El diálogo y la negociación son herramientas válidas

ImagenHoy nuevamente Venezuela está sumida en una crisis política de grandes dimensiones. La tiranía chavista sufre tanto de una ilegitimidad de origen como de una incapacidad absoluta para resolver los problemas de la sociedad venezolana. Mañana se cumplen dos meses de las primeras muertes de estudiantes que manifestaban pacíficamente por la libertad de sus compañeros. Son ya 67 días de protestas continuas por parte de estudiantes y ciudadanos. Protestamos por la inseguridad, por la escasez, por la inflación, y por la devaluación del signo monetario. Protestamos por más de 40 jóvenes torturados que fueron apresados y por más de 30 ciudadanos asesinados durante las manifestaciones. Protestamos por el encarcelamiento de más de 2000 personas que participaban en protestas constitucionales. Pero también protestamos por el comportamiento cómplice de la FANB con grupos paramilitares afectos al chavismo, y corresponsables de la violación continuada de los derechos humanos de los venezolanos.

Bajo la lupa de la comunidad internacional, que poco a poco despierta a la realidad que vivimos los venezolanos a diario, la tiranía no pierde tiempo y llama al diálogo. Sectores acomodaticios de la sociedad se prestan para el mismo en busca de espacios de poder. La tiranía reconoce que el diálogo calma y desmoviliza. El diálogo compra tiempo para la recuperación del régimen. Y el diálogo, enfocado en la negociación de fantasías, tiene la capacidad de comprar meses de desmovilización, de calma social y de ausencia de resistencia política. El diálogo y la negociación son la trampa del tirano para tomar un segundo aire y profundizar el dominio y el saqueo de la nación. El tirano pretende defraudar a estudiantes y ciudadanos por igual con la pantomima de la negociación. Maquilla su rostro con la presencia de Unasur, compuesta por países sometidos a la dieta petrolera. Negocia intrascendencia a cambio de navegar desapercibidamente las aguas turbulentas del paquetazo económico. Pide taima mientras exprime al país y explota al pueblo ingenuo. Crea el escenario de paz que garantiza el sometimiento de la sociedad entera a sus designios. El tirano dialoga y negocia para desmovilizar y triunfar.

Jóvenes estudiantes han derramado su sangre. Sus vidas han sido truncadas por el castrocomunismo. La protesta es sangrienta porque el tirano así lo desea. Él lee debilidad donde solo hay guáramo e inteligencia. La reacción natural del tirano ante la debilidad es reprimir con saña para acabar pronto la protesta. Cuando el oponente se le enfrenta pacíficamente con sus manos en alto, pintadas de blanco, responde con gases y perdigones, con balas y tortura, con fiscales y cárcel. Activa todos los mecanismos de represión propios del apartheid para aplastar la protesta cívica de los estudiantes y ciudadanos venezolanos. Convierte a la protesta pacífica y democrática en un baño de sangre. El tirano pretende someternos a su paz convirtiéndonos en ciudadanos de tercera mediante la violación continuada de nuestros derechos humanos.

El llamado a la protesta de calle, pacífica y democrática, que iniciaron en enero Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma es irreversible. Son demasiadas las razones para protestar y todos los venezolanos nos identificamos por lo menos con alguna de ellas. Los grandes movimientos pacíficos de la historia fueron unilateralmente cruentos. Indios murieron por su desobediencia civil. Cientos de miles fueron hechos presos. Gandhi fue asesinado. En Sudáfrica también murieron y apresaron a muchos antes de que el apartheid fuera abolido. El mismo Mandela estuvo 20 años en prisión. Es de esperar que ante valiente e inteligentes estudiantes, con las manos en alto y en actitud pacífica, la reacción del tirano sea de muerte y destrucción. No es el diálogo, sino la movilización de toda la sociedad, a través de los principios de la resistencia pacífica y la desobediencia civil No Violenta, lo único que nos garantiza la dignidad de haber luchado por nuestros derechos. María Corina Machado, Leopoldo López, Antonio Ledezma y nuestros estudiantes son ejemplos a seguir.

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