A, DONDE IR?

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La Venezuela que abrió los brazos, fábricas, universidades y empleos a todos aquellos seres humanos que en su momento tuvieron que huir de dictaduras y persecuciones, republicanos de España, políticos y catedráticos de Chile, Argentina, Uruguay, rebeldes, escritores, cantantes y actores de Cuba, Nicaragua, El Salvador,

 

Errantes judíos apátridas de la persecución nazi, cristianos armenios, de los jóvenes turcos, fugados de la Isla del Diablo de la Guayana francesa como lo fuere Papillón, sin preguntar de donde venían o lo que hacían, porque se les invitaba a quedarse, a trabajar en esta tierra, a fundar familias tropicales, a dejar su esencia, conocimientos y culturas en nuestros llanos, costas y montañas; en ese país donde ahora debe huir su juventud acrisolada de genes sembrados de viejos y nuevos mundos, a veces sin saber a dónde ir ni porque deben salir, se está produciendo un fenómeno apático, indiferente e insensible, que a veces nos cuesta explicar.

 

¿En esos seres inhumanos, impasibles, indiferentes se han convertido los venezolanos en tan solo 15 años de adoctrinamiento socialista-comunista? Quizá, o tal vez el paulatino ejercicio de la represión, la abierta aplicación del terrorismo judicial, el ajusticiamiento selectivo, el callejero en manos del hampa, la atemorizante presencia de círculos armados hoy pasados formalmente a engrosar la filas de la Milicia popular, el apresurado y conveniente enriquecimiento de propios y extraños, al lado de un desenfrenado, planificado e inducido consumismo, le hayan hecho perder la relación causa y efecto a esa gran masa de venezolanos, alguna vez con aspiración de convertirse en pueblo capaz de razonar, comparar y rebelarse, por relacionar.

 

Largas y continuas son las colas de seres humanos que madrugan antes de salir el sol, para estar a tiempo de comprar el paquete de harina de maíz, café, leche, arroz, pastas, papel higiénico, toallas sanitarias, pañales desechables, aceite vegetal, carne o pollo que en ese momento el abasto o supermercado tiene en existencia, y permite a cada cliente adquirir una o dos unidades.

 

Las encuestas señalan que los venezolanos claman por seguridad, prestación adecuada de salud, medicinas, vías de comunicación, transporte, electricidad, pasta de dientes, papel de oficina, cemento, cabillas, pinturas para casas, industrias, para los lienzos del artista y, aún así en una inexplicable ausencia de capacidad de relacionar causa y efecto, siguen una y otra vez votando por los mismos rojos socialistas-comunistas.

 

Como si el régimen fuera igualmente fruto y víctimas de circunstancias inexplicables y no el origen de la angustia, de las muertes causadas, del enfermo sin medicina, de los alimentos abandonados en los puertos, de la corrupción generalizada, tribunales serviles, policías asaltantes y la represión indiscriminada; acompañado de la ausencia de ecuanimidad de información por el control ejercido sobre los medios de comunicación, a los propietarios o a los propios periodistas, ya sea por adquisición forzosa, confiscación, multas o creación; por la autocensura de sobrevivencia o el cierre por ausencia obligada de insumos, papel, tinta o repuestos, que solo el estado provee.

Que este desgarrador ejemplo de nuestra patria sirva de luz a los hombres de Latinoamérica que, por conveniencia monetaria entregan el futuro de su país y el de sus hijos a la ilusión de la riqueza oportuna proveniente de ALBA Petróleo, UNASUR, la revolución bolivariana o la promesa de una Nueva Mayoría a la chilena, porque no alcanzarán los países donde refugiarse cuando la guerrilla marxista bajada de la montaña mimetizada ahora en inversionistas de alto vuelo, vistiendo trajes Giorgio Armani, Arcadio Díaz, relojes Cartier, corbatas Gucci, zapatos Rossi o Clark, monos Adidas, firmando sus cheques con estilográficas Montblac punta de oro, carcoma las instituciones y la moral de la república, para imponernos un modelo totalitario socialista-comunista, disfrazado de democracia solo porque votamos en elecciones fraudulentas.

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