Llegó el hambre, caballero

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Todos sabemos  que la cosa está mal en Venezuela  y que los malos augurios por tanta ineficiencia, despilfarro, malas decisiones políticas y corrupción causaron estos lodos  tantas veces advertidos y anunciados: Estamos en crisis.

 

La pregunta que nos hacemos todos ahora es cómo salir de este atolladero. Todos menos Maduro, que es el único en insistir con la charada de que la inflación, el deterioro de nuestra economía, la escasez de productos, las colas interminables en los supermercados  y la cantidad de muertes violentas  en las calles son consecuencias de los malévolos  planes de 2 o 3 agentes secretos del imperio que pretenden volar el país para atraparlo a él y cambiar el destino del planeta.

Algún experto lo describiría como exceso de televisión norteamericana en la ideologizada mente de una ficha castrocomunista. ¡Qué ironía! Lo cierto es que nadie sabe si Maduro está atrapado en la álgida situación venezolana o los venezolanos quedamos  atrapados en el nefasto gobierno de Maduro. ¿Cuánto cuesta un kilo de arroz en el abasto del frente, si es que hay? ¿Cuánto subió de un día para otro una batería para un carro pequeño? ¿Cuánto debe trabajar un taxista para reponer un caucho malo? ¿Cuántas horas dura con vida un escuálido sueldo?

 

El efecto de la inflación en los precios de los productos dejó botado años luz el ingreso real de los venezolanos. Un gobierno que se hizo llamar bolivariano ya con 15 años en el poder, humilló como nunca antes nuestra moneda, eximiéndola de todo valor, limitándola solo para uso de trueque o moneda de cambio en una ficticia economía interna y de burbuja. Sin escatimar que ya le quitamos 3 ceros a nuestra moneda, 100 bolívares de ahora son 5 pesos colombianos, el valor de una pipa o caramelo. El valor de nada.

 

Tampoco es que dentro del país ese bolívar pueda hacer mucho. La inflación podría situarse en diciembre entre 47 y 50 % y ese será nuestro regalo de Navidad para el 2013. La canasta alimentaria según el Instituto Nacional de Estadística está ubicado en este nanosegundo en 2.915,29, cifra mucho mayor al salario básico del común o el sueldo de la extensa mayoría de venezolanos no “enchufados”, como la elitesca lista de boliburgueses que si le sacaron real del bueno al tesoro nacional.

 

Nuestra economía ha sido defenestrada, depreciada, asesinada, le pegaron 2 tiros en la frente y ahora nadie quiere hacerse responsable del crimen. Los sueldos siguen descendiendo meteóricamente, así que ni Maduro ni Giordani ni Merentes pueden seguir mintiendo sobre la realidad económica que tanto intentan ignorar.

 

Incluso el sector más leal a la revolución del presidente Chávez, aun cuando continúa creyendo en el discurso del sabotaje y el acaparamiento de alimentos que repite Maduro tratando de emular al líder ausente, sabe que la realidad los golpea fuertemente y de alguna forma comienzan a evaluar una gestión que luce poco coherente y carente de soluciones en lo inmediato.

 

Incluso, muy a pesar que según las encuestas la inseguridad es catalogada como el principal problema que atormenta a los venezolanos, la gente sale a la calle a batirse con esa ruleta rusa en busca de nuestra necesidad más primitiva que es buscar qué comer, resolver, llevar dinero o comida para la casa como sea.

Y aunque usted no lo crea, la cosa puede ponerse peor.

 

Para muestra un botón: las imágenes en la psiquis colectiva de un camión de transporte de carne que termina atascado en plena vía pública y posteriormente saqueado por un vandalismo salvaje, insaciable y sin ley, traduce de forma pesimista nuestro futuro inmediato tantas veces negado por la lógica de un país petrolero.

Y de ahí salio el titulo de esta historia que salio de una realidad. Llegó el hambre, caballero.

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